20091216

El vago del tren



Terminaba el dia, no era uno mas y eso me ponia feliz. Decidi subirme al tren en la estacion de Retiro, que ya estaba cerrando sus puertas, tirando el ultimo cigarrillo que me quedaba, camine hasta el ultimo vagon y me sente en el piso del furgon, una vieja aparentemente adinerada me miraba con cara de asco.
Me dedique a mirar el piso, jugando con mi imaginacion, dibuje mentalmente figuras, caras, cosas para matar el aburrimiento, en la primer estacion ya estaba aburrido mirando a la nada, se me acerco una nena a dejarme una estampita y le di unas monedas que tenia sueltas en el fondo de mi bolsillo, me agradecio, me deseo bendiciones y se fue sin prisa para seguir con su maldita labor.
Ya en la estacion Belgrano me puse a contar cuantas estaciones me quedaban, eran unas cuantas, se abrieron las puertas, y entro un humilde señor con la cara colorada, el pelo blanco y un notable pedo que lo hacia tambalear. Tenia una caja de carton en una de sus manos y una bolsa de pan de hamburguesa en la otra. Desarmo la caja, la apoyo en el suelo, y alli se sento, yo lo mire y el tren arranco. Luego de un par de estaciones y de unos cuantos pensamientos inutiles, llego un tipo con una especie de tambor, tocaba cualquier cosa, pero le ponia ganas y la gente aplaudia, luego paso la gorra y volvi a hurgar mis bolsillos en busca de alguna moneda pero no tuve exito, ahora que lo recuerdo se llevo unos buenos aplausos y unas buenas monedas. Cuando se retira este tipo escucho que el hombre que estaba al lado que me hablaba, le pregunto que me habia dicho, y me responde (con voz de ebrio): que si le pedia el tambor, lo iva a hacer pasar verguenza-. Yo logicamente me rei con ganas y el me acompaño en mi risa, yo le respondi: ¡Capaz que te ganabas unos mangos!- el me dijo que no le importaba la plata, simplemente le gustaba tocar. Me dijo que se iva a poner comodo y se saco los zapatos, a mi me parecio una gran idea e hice lo mismo, la vieja volvio a mirar con cara de asco. Ivan pasando las estaciones y la charla se ponia mas interesante, con sus anecdotas, entre murgas bombos, colores y redoblantes, me llego a contar en una de sus anecdotas, que de pibe, se fue con sus amigos a Montevideo y que alli aprendio a hacer percusion, me contaba que un dia, en la playa estaba con su grupito tocando un par de cosas nuevas, y se acerco un viejo que les pidio el tambor para tocar con ellos, el se lo nego y rio, pensando que el viejo no podia tocar ni un timbre, luego de las risas un amigo de el le dijo que le prestara el tambor, para que demostrara por que pedia el tambor, el viejito dio un espectaculo maravilloso frente al grupito, de ahi se levanto y se fue cantando bajito, los muchachos se quedaron boquiabiertos.
Fue ahi cuando el borracho me dio una gran leccion, entre sus palabras arrastradas me pudo decir que las apariencias son realmente engañosas... Asi fue que nos quedamos chamuyando un largo rato, y yo pensaba, que esa señora aparentemente adinerada se creia mas que yo y mas que el vago, solo por estar perfumada, pero yo estaba seguro que el viejo que estaba a mi lado le podia dejar mas de una enseñanza como me dejo mas de una a mi.
Me confeso que estaba triste, y que al verme a mi se arrepentia de muchas cosas, pero el arrepentimiento a su altura del partido no le servia de mucho, por eso trataba de disfrutar su vida sin lujos, con sus unicos compañeros, el vino el faso y la murga. Luego de muchos años vagando se dio cuenta que cada dia es un regalo divino y por eso hay que agradecer por cada minuto de vida. Yo lo miraba con atencion, me tomo del hombro, me dijo que trate de ser alguien, pero sin cagar a nadie, como tantos "exitosos" que hoy se los esta comiendo el cancer. Yo solo asenti con la cabeza y el viejo me sonrio.
Finalmente llegue a mi destino, me despedi del viejo, nos deseamos buena suerte, le pedi un pucho y me dio dos. Emprendi la vuelta a casa con mis zapatillas al hombro, feliz de saber que hay gente que vale la pena, y feliz, por que ese dia no era uno mas.

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